La absurdez de lo Ecológico o el Sentido Común

Son ya demasiadas las mañanas que nos levantamos con nuevos estudios y recomendaciones con el objetivo de abrirnos los ojos respecto a lo ecológico. Se refieren a ello como: una alimentación mejor o un gran engaño. Todo depende del lado que las haya elaborado.

Unos aseguran y tratan de demostrar los beneficios de una alimentación ecológica. Otros tratan de echar por tierra todo lo que afecta dejando  claro que los primeros están equivocados. Pero, lo único que a mí me queda claro con todo esto, es que [piopialo]esos pocos “locos” que han creído siempre en el valor de lo ecológico, ya no son ni tan pocos, ni tan locos[/piopialo]. Que se hable tanto de ellos últimamente sólo puede significar una cosa, y es que ya son lo suficientemente importantes como para tenerlos en cuenta.

Así que harta de estas continuas peleas y discusiones entre ambos bandos, que sólo tratan de arrimar el ascua a su sardina, propongo que a todo esto le pongamos cada uno un poco de sentido común. Nada más… y nada menos.

Parece obvio que comer alimentos de la forma más natural posible y con los menores tratamientos químicos e industriales, será más sano o, al menos, menos perjudicial para la salud, ¿no?

Y, también parece obvio que si así lo creyera todo el mundo, el valor de los productos ecológicos descendería notablemente, debido a la oferta y la demanda y, entonces se harían mucho más asequibles, con lo que sus ventas aumentarían haciendo que muchas industrias y multinacionales con una alta inversión en sus plantas vean dañados sus intereses, ¿estás de acuerdo?

¿Cuál elegiríamos si no hubiera una diferencia de precio?

Porque no nos engañemos y hagamos un acto de reflexión sincera. ¿Por cuál de los dos tipos de alimentos te decantarías tú si no existiese una diferencia de precio?

Partiendo de esto que, a todas luces, es algo lógico y que no se nos escapa a nadie, dejemos ya de arremeter unos contra otros y respetemos, de una vez, la libertad de decidir de cada uno.

Que haya gente que, por salud o por capricho, llámenlo como quieran, prefiera adquirir alimentos que vengan del campo en vez de cámaras industriales; o que prefieran meter menos pesticidas, hormonas, fertilizantes y un largo etcétera en su cuerpo a la hora de alimentarse. Es tan respetable como que haya otros que, prefieran consumir lo de siempre, sin pagar más por lo que consideran lo mismo, aprovechando el amplio abanico de productos del que disponen y la gran horquilla de precios de la que pueden beneficiarse.

¿Quién es más listo de los dos?

¿Nos lo van a decir unos estudios de la Universidad tal o cual o del organismo de turno?

¿Acaso no somos nosotros lo suficientemente mayorcitos para saber qué o cuáles son las prioridades de cada uno?

Así que, por favor, dejen que cada uno se alimente como quiera que, al final, el respeto también es otra buena forma de alimentarse.

¡Salud!

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